Esta es una de esas entradas en las que simplemente me senté a escribir, bebiendo un sorbo cada pocos minutos de mi taza de café.
Afuera está nublado, y a pesar que son las 3:40 de la tarde, parece que fuesen las 6:32. Cae un leve indicio de lluvia, al que no se podría llamar así a causa de lo suave que es.
Hace frío, y estoy sentada en pijama (porque sí, no hay nada más delicioso que sentarse a escribir en pijama con una taza de café cerca) frente al ordenador, con los audífonos retumbando por la música (que ha sido, es y será, mi gran amor) e hilando una historia acerca de una joven, cómodamente desparratada en la silla de su habitación, leyendo, que inocentemente dejó la puerta de su casa abierta, sin recordar que hace unos días pasaron uno de esos folletos de "limpieza social" donde dicen que los ladrones, asesinos, violadores y demás serán asesinados si no cambian rápidamente. Uno de esos ladrones, se ha metido a su casa. Lleva un puñal en la mano, y la necesidad acuciante de dinero. Espera robar algo de valor. La encuentra en su habitación, enfrascada en la lectura. Decide robar el computador que está usando para leer, pero necesita deshaerse de ella primero. Ella no lo nota, pero voltea.
Me ha dado miedo. Voltearé a ver qué pasa.

