Adelanto Capítulo III



            Ambos la fulminaron con la mirada. —Volviendo al tema, estás loca. Lucifer jamás te aceptaría una carta de recomendación de ti, para ti, siendo humana. —Astarth miró la carta más detenidamente. Su ceño se frunció conforme su mirada iba bajando por el papel.

            —¿Pensabas enviar esta carta a mi nombre?—preguntó— ¿sin que yo te diera autorización?
            Zadquiel miró a Azalea y levantó ambas cejas, sonriendo con picardía. —Bueno, ya pareces hija mía—señaló satisfecho—, es bueno que hayas pensado en eso, al menos. Nadie cuestionaría una carta de recomendación de Astarth. Especialmente siendo que ella es uno de los siete señores del infierno.

            —Y del cielo. Pero eso ya es con su otro nombre. —mencionó Azalea, quitándole importancia con un gesto de la mano. —De todos modos ya no la necesito—dijo poniéndose de pie—. ¿Y saben? Mi amigo debe estar muerto ya. Sería lindo poder bajar a buscarlo.

            Todos la miraron fijamente. Hace un rato estaba llorando como posesa y ahora estaba tan tranquila al respecto. Se preguntaron vagamente si el ritual habría dañado sus emociones.
Azalea rodó los ojos.

            —Era humana, me dejé llevar—respondió a sus pensamientos, como en los viejos tiempos—.  Ahora movamos el culo que debe estar sufrien—Se detuvo de repente. Sus pupilas se dilataron a tal punto que todo su ojo estaba negro— Si bajamos por él, no volveremos a subir. Sí era su destino morir… —Dijo con los ojos ya normales y llenándose de lágrimas. Los miró uno por uno, se dejó caer al piso y soltó el primer sollozo. Todos estuvieron al segundo siguiente junto a ella, abrazándola, frotando su espalda o susurrando palabras tranquilizadoras.        — ¿Entonces por qué? ¿Por qué la visión donde lo salvaba? —Miró a su padre en busca de respuestas, pero él no tuvo necesidad de responder.
            —Alguien está tratando de manipularme—Dijo llenándose de cólera repentinamente—. No sé quién ha sido, pero se enfrentará no sólo a mi furia, sino también a los otros bandos en guerra. ¡Soy un ente neutral! —Gritó, mirándolos a todos—Hay un representante de cada bando aquí. Y todos de los altos mandos. —Soltó venenosa— Convoco a una reunión del Consejo. Lleven las noticias a sus amos. —Terminó para levantarse del suelo con la dignidad de una reina y salir de la habitación. Se detuvo antes de cerrar la puerta—Estoy consciente que ninguno de ustedes tiene algo que ver al respecto de esto. —Y cerró la puerta.

Sal con una chica que lea. Por Rosemary Urquico.

Sal con una chica que lea. Sal con una chica que se gaste el dinero en libros en vez de en ropa. Que tenga problemas de espacio en el armario porque tiene demasiados libros. Sal con una chica que tenga una lista de libros que quiere leer y carné de la biblioteca desde los doce años.

Encuentra una chica que lea. Sabrás que lo hace porque siempre llevará un libro a medias de leer en el bolso. Será la que mire con amor las estanterías de la librería, la que llora silenciosamente cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves la chica rara que huele las páginas de los libros viejos en una librería de segunda mano? Esa es la lectora. Nunca se pueden resistir a oler las páginas, especialmente si están amarillentas.
 
Es la chica que lee mientras está esperando en la cafetería del final de la calle. Si echas un vistazo a su taza, verás que la crema del café está flotando en la superficie porque ya está absorta. Perdida en un mundo que el autor ha creado. Siéntate. Probablemente te mire fugazmente, como la mayoría de las chicas que leen no le gusta ser interrumpida. Pregúntale si le gusta el libro.

Invítala a otra taza de café.

Hazle saber que lo que piensas de Murakami. Comprueba si ha pasado del primer capítulo deLa Comunidad del Anillo. Entiende que si te dice que entendió el Ulysses de James Joyce sólo te lo dice para sonar inteligente. Pregúntale si le gusta Alice o si le gustaría ser Alice.

Es sencillo salir con una chica que lea. Regálale libros por su cumpleaños, por Navidad y por los aniversarios. Dale el regalo de las palabras, en poesía, en canciones. Regálale a Neruda, Pound, Sexton, Cummings. Hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Entiende que ella conoce la diferencia entre los libros y la realidad, pero por dios que va a intentar hacer su vida un poco como su libro favorito. Nunca será tu culpa si lo hace.

De alguna manera tiene que intentarlo.

Miéntele. Si entiende la sintaxis, entenderá que necesitas mentir. Tras las palabras hay otras cosas: motivaciones, valores, matices, diálogos. No va a ser el fin del mundo.

Fállale. Porque una chica que lee libros sabe que el fracaso siempre lleva hasta el clímax. Porque ellas entienden que todas esas cosas tendrán un final. Y que siempre puedes escribir una secuela. Y que puedes empezar otra vez, y otra y seguir siendo el héroe. Que la vida está destinada a tener un villano o dos.

¿Por qué estar asustado de todo lo que no eres? Las chicas que leen entienden que esa gente, como los personajes, evolucionan. Excepto en la saga Crepúsculo.

Si encuentras una chica que lea, mantenla cerca. Cuando la encuentres a las 2 de la mañana sosteniendo un libro contra su pecho y llorando, hazle una taza de té y abrázala. Puedes perderla por unas cuantas horas, pero siempre volverá a ti. Hablará como si los personajes del libro fuesen reales, porque durante un rato, siempre lo son.

Te declararás en un globo aerostático. O durante un concierto de rock. O casualmente la próxima vez que esté enferma. Por Skype.

Sonreirás con tantas ganas que te preguntarás por qué tu corazón no ha explotado y la sangre no está corriendo ya por tu pecho . Escribirás la historia de vuestra vidas, tendréis hijos con nombres extraños y gustos aún más extraños. Les presentará a vuestros niños al Gato Garabato y a Aslan, quizá el mismo día. Pasaréis los inviernos de vuestra vejez juntos y ella recitará a Keats en voz baja mientras te sacudes la nieve de las botas. 
 
Sal con una chica que lea porque te lo mereces. Te mereces una chica que pueda darte la vida más colorida imaginable. Si sólo puedes darle monotonía y horas aburridas y compromisos a medias, entonces estás mejor solo. Si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, sal con una chica que lea.

O mejor aún, sal con una chica que escriba.