Respira

En un principio pensaba escribir algo. Sólo sentía la compulsión de hacerlo. Pero ahora que tengo la página en blanco frente a mis ojos, todo lo que veo son escenas, repitiéndose una tras de otra. No sé si siento algo, o si entré en estado de shock. Quizás estoy en negación. No lo sé. Sólo sé que necesito escribir. No sé sobre qué. Ni siquiera sé si valdrá la pena leerlo. Pero dentro de este enjambre de dudas, confusión, dolor, alegría -la verdad yo tampoco sé de donde sale, no me pregunten-, ansiedad, quizás algo de histerismo. 

Estoy jodida. Jodida jodidamente. El por qué no tiene importancia. El cómo tampoco. El quién... Él no es culpable de esto. Ni siquiera sé si hay culpable. Quizás las circunstancias. Quizás es mi estúpida manía de elegir mal. 

La última vez elegí un idiota. Esta vez, elegí un imbécil -la mejor palabra para esto sería "jerk" o "asshole", pero no todo mundo habla buen inglés, mucho menos lo lee-. Un imbécil adorable, con quien no subí mi guardia demasiado y ahora estoy pagando las consecuencias. 

De nuevo, las personas involucradas no tienen la culpa. Pero eso no quita que me duela. Que llore. Que piense estupideces e inmediatamente me regañe a mí misma por eso. 

Tal vez lo mejor sea esto. 
Tal vez no.
Tal vez haya sido innecesario.
Tal vez no.




Confesiones de una mente perturbada.

Tomo el título prestado de Yahel, una amiga muy querida.



Para ser honesta no debería escribir en este estado emocional/hormonal/pseudodeprimido que tengo, pero no puedo evitarlo.

Mi mejor amiga está en Bogotá, con problemas propios, mi mejor amigo está en Santa Marta, sí, pero tiene problemas y no soy lo bastante egoísta como para cargarlo con los míos también. Mi novio... Bueno, mi novio es un idiota.

La cosa es que estoy entre escila y caribdis... Y si bien normalmente sé manejar este tipo de situaciones... No puedo hacerlo ahora.

¿Saben lo horrible que es escribir una historia y sin notarlo, empezar a vivirla? Si por lo menos lo peor me tocara a mí, vaya y venga... ¿Pero a mis amigos? No, eso no puedo soportarlo.

No, no, esa no es la manera de ponerlo.

¿Saben qué? No hay manera de ponerlo. Estoy jodida. JO-DI-DA. Punto.

Tengo ganas de devolver el tiempo. Aunque cosas buenas han salido de todo eso... Cosas muy buenas, así que no, devolver el tiempo no.

Pero desearía no sentirme tan inútil.

Or so heartbroken.

"I think, I think when it’s all over it just comes back in flashes. It’s like a kaleidoscope of memories, it just all comes back.

But he never does.

I think part of me knew the second I saw him that this would happen. It’s not really anything he said, or anything he did, it was the feeling that came along with it. And, the crazy thing is, I don’t know if I am ever going to feel that way ag
ain. But I don’t even know if I should.
I knew his world moved too fast and burned too bright, but I just thought, how can the devil be pulling you towards someone who looks so much like an angel when he smiles at you?
Maybe he knew that, when he saw me. I guess I just lost my balance.

I think that, the worst part of it all wasn’t losing him.
It was losing me."

Pongo esto por acá porque de alguna manera, expresa muy bien como me siento, aunque la situación no sea ni remotamente parecida.

Y sé que no dije nada en concreto, pero no puedo hacerlo, considerando que lo que me tiene así, no es mío para contarlo.

Pero las personas involucradas son mías para que me duela lo que les duele.

Adelanto Capítulo III



            Ambos la fulminaron con la mirada. —Volviendo al tema, estás loca. Lucifer jamás te aceptaría una carta de recomendación de ti, para ti, siendo humana. —Astarth miró la carta más detenidamente. Su ceño se frunció conforme su mirada iba bajando por el papel.

            —¿Pensabas enviar esta carta a mi nombre?—preguntó— ¿sin que yo te diera autorización?
            Zadquiel miró a Azalea y levantó ambas cejas, sonriendo con picardía. —Bueno, ya pareces hija mía—señaló satisfecho—, es bueno que hayas pensado en eso, al menos. Nadie cuestionaría una carta de recomendación de Astarth. Especialmente siendo que ella es uno de los siete señores del infierno.

            —Y del cielo. Pero eso ya es con su otro nombre. —mencionó Azalea, quitándole importancia con un gesto de la mano. —De todos modos ya no la necesito—dijo poniéndose de pie—. ¿Y saben? Mi amigo debe estar muerto ya. Sería lindo poder bajar a buscarlo.

            Todos la miraron fijamente. Hace un rato estaba llorando como posesa y ahora estaba tan tranquila al respecto. Se preguntaron vagamente si el ritual habría dañado sus emociones.
Azalea rodó los ojos.

            —Era humana, me dejé llevar—respondió a sus pensamientos, como en los viejos tiempos—.  Ahora movamos el culo que debe estar sufrien—Se detuvo de repente. Sus pupilas se dilataron a tal punto que todo su ojo estaba negro— Si bajamos por él, no volveremos a subir. Sí era su destino morir… —Dijo con los ojos ya normales y llenándose de lágrimas. Los miró uno por uno, se dejó caer al piso y soltó el primer sollozo. Todos estuvieron al segundo siguiente junto a ella, abrazándola, frotando su espalda o susurrando palabras tranquilizadoras.        — ¿Entonces por qué? ¿Por qué la visión donde lo salvaba? —Miró a su padre en busca de respuestas, pero él no tuvo necesidad de responder.
            —Alguien está tratando de manipularme—Dijo llenándose de cólera repentinamente—. No sé quién ha sido, pero se enfrentará no sólo a mi furia, sino también a los otros bandos en guerra. ¡Soy un ente neutral! —Gritó, mirándolos a todos—Hay un representante de cada bando aquí. Y todos de los altos mandos. —Soltó venenosa— Convoco a una reunión del Consejo. Lleven las noticias a sus amos. —Terminó para levantarse del suelo con la dignidad de una reina y salir de la habitación. Se detuvo antes de cerrar la puerta—Estoy consciente que ninguno de ustedes tiene algo que ver al respecto de esto. —Y cerró la puerta.

Sal con una chica que lea. Por Rosemary Urquico.

Sal con una chica que lea. Sal con una chica que se gaste el dinero en libros en vez de en ropa. Que tenga problemas de espacio en el armario porque tiene demasiados libros. Sal con una chica que tenga una lista de libros que quiere leer y carné de la biblioteca desde los doce años.

Encuentra una chica que lea. Sabrás que lo hace porque siempre llevará un libro a medias de leer en el bolso. Será la que mire con amor las estanterías de la librería, la que llora silenciosamente cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves la chica rara que huele las páginas de los libros viejos en una librería de segunda mano? Esa es la lectora. Nunca se pueden resistir a oler las páginas, especialmente si están amarillentas.
 
Es la chica que lee mientras está esperando en la cafetería del final de la calle. Si echas un vistazo a su taza, verás que la crema del café está flotando en la superficie porque ya está absorta. Perdida en un mundo que el autor ha creado. Siéntate. Probablemente te mire fugazmente, como la mayoría de las chicas que leen no le gusta ser interrumpida. Pregúntale si le gusta el libro.

Invítala a otra taza de café.

Hazle saber que lo que piensas de Murakami. Comprueba si ha pasado del primer capítulo deLa Comunidad del Anillo. Entiende que si te dice que entendió el Ulysses de James Joyce sólo te lo dice para sonar inteligente. Pregúntale si le gusta Alice o si le gustaría ser Alice.

Es sencillo salir con una chica que lea. Regálale libros por su cumpleaños, por Navidad y por los aniversarios. Dale el regalo de las palabras, en poesía, en canciones. Regálale a Neruda, Pound, Sexton, Cummings. Hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Entiende que ella conoce la diferencia entre los libros y la realidad, pero por dios que va a intentar hacer su vida un poco como su libro favorito. Nunca será tu culpa si lo hace.

De alguna manera tiene que intentarlo.

Miéntele. Si entiende la sintaxis, entenderá que necesitas mentir. Tras las palabras hay otras cosas: motivaciones, valores, matices, diálogos. No va a ser el fin del mundo.

Fállale. Porque una chica que lee libros sabe que el fracaso siempre lleva hasta el clímax. Porque ellas entienden que todas esas cosas tendrán un final. Y que siempre puedes escribir una secuela. Y que puedes empezar otra vez, y otra y seguir siendo el héroe. Que la vida está destinada a tener un villano o dos.

¿Por qué estar asustado de todo lo que no eres? Las chicas que leen entienden que esa gente, como los personajes, evolucionan. Excepto en la saga Crepúsculo.

Si encuentras una chica que lea, mantenla cerca. Cuando la encuentres a las 2 de la mañana sosteniendo un libro contra su pecho y llorando, hazle una taza de té y abrázala. Puedes perderla por unas cuantas horas, pero siempre volverá a ti. Hablará como si los personajes del libro fuesen reales, porque durante un rato, siempre lo son.

Te declararás en un globo aerostático. O durante un concierto de rock. O casualmente la próxima vez que esté enferma. Por Skype.

Sonreirás con tantas ganas que te preguntarás por qué tu corazón no ha explotado y la sangre no está corriendo ya por tu pecho . Escribirás la historia de vuestra vidas, tendréis hijos con nombres extraños y gustos aún más extraños. Les presentará a vuestros niños al Gato Garabato y a Aslan, quizá el mismo día. Pasaréis los inviernos de vuestra vejez juntos y ella recitará a Keats en voz baja mientras te sacudes la nieve de las botas. 
 
Sal con una chica que lea porque te lo mereces. Te mereces una chica que pueda darte la vida más colorida imaginable. Si sólo puedes darle monotonía y horas aburridas y compromisos a medias, entonces estás mejor solo. Si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, sal con una chica que lea.

O mejor aún, sal con una chica que escriba.
Ya es veintiséis de noviembre. Son las 22:16, o 10:16 pm. 

Parece una manera tonta de iniciar una entrada, pero el asunto es que para estas fechas, normalmente ya han estrenado una película de Harry Potter o se ha dado fecha para una. Pero este año no será así, porque no hay más libros que publicar, no hay más películas que hacer. La saga terminó. Punto. Y el problema es que no sé como tomarlo. Sí, el último libro se publicó en el 2007, pero en ese entonces nos decíamos: No ha acabado aún, quedan todavía varias películas por hacer y por ver... Pero no este año. No sé como voy a lograrlo. Sí, lo sé, no es el fin del mundo (o quizás sí. Quizás por eso los mayas decían que el mundo se acabaría en el 2012 y blá blá blá), pero no puedo evitar estar triste. Es como estar atada intentandor alcanzar algo suspendido frente a ti... Que está fuera de tu alcance. Así es como me siento. Así es para mi no sentirme triste acerca de esto. Es difícil intentar asumirlo, afrontar que cuando vaya a cine en estos días no habrá una película de Harry Potter en cartelera. O que cuando salga a comprar libros no encontraré una nueva entrega. No quiero aceptar que ya ha terminado. Y no es sólo una saga... Es el símbolo de mi infancia, de la infancia de miles de hombres y mujeres que hoy, posiblemente sufren conmigo esta pérdida. 

Esta saga me ha enseñado cosas maravillosas. Acá pongo algunas citas.

"La verdad es una cosa terrible y hermosa, y por lo tanto debe ser tratada con sumo cuidado."
"No son las habilidades lo que demuestra lo que somos, son nuestras decisiones."
"Muy pronto tendrán que elegir entre lo que es correcto y lo que es fácil."
"Claro que está pasando dentro de tu cabeza Harry, pero ¿por qué iba a significar eso que no es real?" 

—Albus Dumbledore.


A lo largo de mi vida, he aprendido las mejores lecciones con los libros. Y debo admitir que los prefiero a ellos, antes que a la compañía de seres humanos. 
Los libros no te juzgan. No te condenan. No te abandonan.

Harry Potter es, y siempre será parte importante de mi vida.

No he sido capaz de seguir escribiendo. Simplemente no puedo. He borrado y reescrito cosas en las últimas semanas. Y siento que no puedo hacer nada más.

Hoy es 17 de diciembre, son las 00:30, o 12:30 am.

Cosas que me joden. II

Sé que no debería estar acá perdiendo el tiempo, pero honestamente estoy hartándome de la sentencia.

Así que, sí, señores, como lo esperan, sigue otra súper sección de:


Cosas Que Me Joden.
(Deberían hacerla, esto libera tensión.)


-Me jode tener que leer 200 páginas de un día para otro porque a la profesora le salió de los ovarios.
-Me jode amar la materia pero odiar lo que estoy haciendo sólo por la profesora del demonio.
-Me jode que la profesora esté jodidamente buena y que le preste más atención a su trasero delicioso que a la clase.
-Me jode que la profesora, así, buenísima y todo, sea una perra por estas cosas que hace (la sentencia de 200 págs de un día para otro).
-Me jode Taylor Swift.
-Me jode sentirme identificada con sus canciones.
-Me jode estar cantando 'Mine' como pendeja, aún cuando no me gusta ella. (No, nada en su contra, sólo no es mi estilo de música.)
-Me jode que anden diciendo que soy una puta. Que yo no cobro, ignorantes(?).
-Sí, el anterior me jode fue parte broma parte real.
-Me jode que estoy cabreada y esto no está funcionando.
-Me jode que me duele el hombro.
-Me jode que quiero una relación seria, pero hombres serios y que valgan la pena no es que hayan muchos.
-Me jode que mujeres, hay menos.
-Me jode todo.
-Me jode joderme.
-Y sí, me jodo yo misma.

Capítulo 2

Aún estando inconsciente, su cuerpo se movía con espasmos debido a las oleadas de dolor. La parte más asquerosa del proceso, vomitar la sangre y las toxinas humanas ya había pasado, pero la más complicada y dolorosa apenas empezaba. Los huesos debían ser reformados por completo, pues debían ser huecos para facilitar el vuelo. Era más doloroso el cambio a humana, pues perder las alas dolía más que hacerlas crecer. Tener una aguja al rojo vivo en cada poro de la piel dolía mucho menos. Araísne y Pyrus estaban sentados cada uno a un lado de ella, sobre la cama, viéndola retorcerse con una expresión de dolor solidario en el rostro. Astarth, Mark y Mehrán estaban cerca a la cama, mientras Zadquiel y Tánathos la observaban desde el quicio de la puerta.
Azalea gimió más fuerte, perdió el color y por un momento se retorció con más fuerza, causando que todos la miraran por un segundo, dirigiendo su vista de inmediato hacia Tánathos, que se había movido hacia ella. Los restantes se tensaron, conteniendo la respiración mientras él se inclinaba hacia ella y depositaba un beso en su frente, asintiendo luego a sus hermanos y desapareciendo en una esquina con sombras.
Una vez él se fue y Azalea siguió respirando, ya más tranquila, todos finalmente se relajaron.
—Ella no morirá esta noche—Dijo Tánathos saliendo por un momento de las sombras, sobresaltando a todos—, pero no soy yo quien recogerá su alma. Va en contra de la ética laboral. —Terminó antes de desaparecer de nuevo. 

Esperaron prácticamente conteniendo el aliento, hasta que a la noche siguiente, con la luna llena en lo alto, ella despertó, tomando un brusco aliento.
Sethen.
Todos la miraron sorprendidos por un momento. 
— ¿Acabas de decir- No, decir no... ¿Acabas de suspirar el nombre de un hombre, que no es ninguno de tus hermanos, y no es ese amigo que quieres salvar? 
Azalea lo miró desconcertada. 
—No. Por supuesto que no—Dijo frunciendo el ceño unos segundos—, no tengo consorte. O compañero, esposo, alma gemela o como quieran llamarle. ¿Por qué habría de mencionar a un hombre?
Zadquiel la miró fijamente.
—¿Insinúas que miento, hija?
Azalea palideció. —N-no, no, claro que no padre. La Voz de la Ve-verdad es rotunda. Por supuesto que l-lo hice. Tienes to-toda la razón. —tartamudeó nerviosa.

Astarth miraba el intercambio entretenida, cuando posó sus ojos en la carta y la petición.
—¿Hermanita, a quién va dirigida la carta? La petición va a Lucy, obviamente... ¿pero para qué necesitabas una carta—miró la hoja de papel, enarcando una ceja— de recomendación?
Azalea se sonrojó avergonzada.
—Pretendía entrar como vigía... Era humana, pero no tonta. Si entraba como un alma más me quedaría por siempre... Si entraba como alma humana vigía, estaría en coma, pero podría volver a la vida. 
—¿Y como pensabas traerlo de vuelta? —Cuestionó entrecerrando los ojos con sospecha, acercándose a ella.
—Pensaba cruzar ese puente cuando estuviera frente a él. —Dijo sonriendo conciliadora.
Astarth miró a su padre.
—¿Ese fue el espermatozoide más rápido?
Zadquiel se encogió de hombros.
—No es mi mejor logro, lo sé.
Azalea les lanzó una almohada a cada uno. Sin moverse. 
—¡Hey! ¡Empiezo a manejar mis poderes de nuevo!