Cosas que me joden. II

Sé que no debería estar acá perdiendo el tiempo, pero honestamente estoy hartándome de la sentencia.

Así que, sí, señores, como lo esperan, sigue otra súper sección de:


Cosas Que Me Joden.
(Deberían hacerla, esto libera tensión.)


-Me jode tener que leer 200 páginas de un día para otro porque a la profesora le salió de los ovarios.
-Me jode amar la materia pero odiar lo que estoy haciendo sólo por la profesora del demonio.
-Me jode que la profesora esté jodidamente buena y que le preste más atención a su trasero delicioso que a la clase.
-Me jode que la profesora, así, buenísima y todo, sea una perra por estas cosas que hace (la sentencia de 200 págs de un día para otro).
-Me jode Taylor Swift.
-Me jode sentirme identificada con sus canciones.
-Me jode estar cantando 'Mine' como pendeja, aún cuando no me gusta ella. (No, nada en su contra, sólo no es mi estilo de música.)
-Me jode que anden diciendo que soy una puta. Que yo no cobro, ignorantes(?).
-Sí, el anterior me jode fue parte broma parte real.
-Me jode que estoy cabreada y esto no está funcionando.
-Me jode que me duele el hombro.
-Me jode que quiero una relación seria, pero hombres serios y que valgan la pena no es que hayan muchos.
-Me jode que mujeres, hay menos.
-Me jode todo.
-Me jode joderme.
-Y sí, me jodo yo misma.

Capítulo 2

Aún estando inconsciente, su cuerpo se movía con espasmos debido a las oleadas de dolor. La parte más asquerosa del proceso, vomitar la sangre y las toxinas humanas ya había pasado, pero la más complicada y dolorosa apenas empezaba. Los huesos debían ser reformados por completo, pues debían ser huecos para facilitar el vuelo. Era más doloroso el cambio a humana, pues perder las alas dolía más que hacerlas crecer. Tener una aguja al rojo vivo en cada poro de la piel dolía mucho menos. Araísne y Pyrus estaban sentados cada uno a un lado de ella, sobre la cama, viéndola retorcerse con una expresión de dolor solidario en el rostro. Astarth, Mark y Mehrán estaban cerca a la cama, mientras Zadquiel y Tánathos la observaban desde el quicio de la puerta.
Azalea gimió más fuerte, perdió el color y por un momento se retorció con más fuerza, causando que todos la miraran por un segundo, dirigiendo su vista de inmediato hacia Tánathos, que se había movido hacia ella. Los restantes se tensaron, conteniendo la respiración mientras él se inclinaba hacia ella y depositaba un beso en su frente, asintiendo luego a sus hermanos y desapareciendo en una esquina con sombras.
Una vez él se fue y Azalea siguió respirando, ya más tranquila, todos finalmente se relajaron.
—Ella no morirá esta noche—Dijo Tánathos saliendo por un momento de las sombras, sobresaltando a todos—, pero no soy yo quien recogerá su alma. Va en contra de la ética laboral. —Terminó antes de desaparecer de nuevo. 

Esperaron prácticamente conteniendo el aliento, hasta que a la noche siguiente, con la luna llena en lo alto, ella despertó, tomando un brusco aliento.
Sethen.
Todos la miraron sorprendidos por un momento. 
— ¿Acabas de decir- No, decir no... ¿Acabas de suspirar el nombre de un hombre, que no es ninguno de tus hermanos, y no es ese amigo que quieres salvar? 
Azalea lo miró desconcertada. 
—No. Por supuesto que no—Dijo frunciendo el ceño unos segundos—, no tengo consorte. O compañero, esposo, alma gemela o como quieran llamarle. ¿Por qué habría de mencionar a un hombre?
Zadquiel la miró fijamente.
—¿Insinúas que miento, hija?
Azalea palideció. —N-no, no, claro que no padre. La Voz de la Ve-verdad es rotunda. Por supuesto que l-lo hice. Tienes to-toda la razón. —tartamudeó nerviosa.

Astarth miraba el intercambio entretenida, cuando posó sus ojos en la carta y la petición.
—¿Hermanita, a quién va dirigida la carta? La petición va a Lucy, obviamente... ¿pero para qué necesitabas una carta—miró la hoja de papel, enarcando una ceja— de recomendación?
Azalea se sonrojó avergonzada.
—Pretendía entrar como vigía... Era humana, pero no tonta. Si entraba como un alma más me quedaría por siempre... Si entraba como alma humana vigía, estaría en coma, pero podría volver a la vida. 
—¿Y como pensabas traerlo de vuelta? —Cuestionó entrecerrando los ojos con sospecha, acercándose a ella.
—Pensaba cruzar ese puente cuando estuviera frente a él. —Dijo sonriendo conciliadora.
Astarth miró a su padre.
—¿Ese fue el espermatozoide más rápido?
Zadquiel se encogió de hombros.
—No es mi mejor logro, lo sé.
Azalea les lanzó una almohada a cada uno. Sin moverse. 
—¡Hey! ¡Empiezo a manejar mis poderes de nuevo!