Basado en la Serie Oscura, de Christine Feehan.
Mordió su labio y una vez más dudó qué hacer. Sabía que era importante, sabía que debía hacerlo, pero no sabía a ciencia cierta, qué era lo que tenía que hacer. Sentía la compulsión de hacer algo con urgencia, pero no podía descifrar qué era. Suspirando, dejó que su mirada vagara por el paisaje. Los árboles formaban un laberinto a su alrededor y por encima de su cabeza la canopia de árboles parecía una autopista.
Caminó un poco más hasta llegar a un claro. Los arbustos sobresalían cerca de las raíces que se levantaban del suelo como brazos, terminados en horribles y filosas garras, que trataban de alcanzarla. Sacudió la cabeza, y se auto convenció que era su imaginación. Caminó sobre una cama de hojas secas y ramas rotas, sus pasos totalmente silenciosos. Aspiró profundamente el aire, extendiendo sus sentidos hacia la noche, mientras el viento le contaba historias del bosque. Miró hacia el cielo y frunció el ceño. Estaba despejado y estrellado. La luna iluminaba tenuemente el claro y ella, cautelosamente, corrió dos pasos, saltó y se convirtió en lechuza en medio del aire. Aleteó, tomando altura, sobrevolando el hermoso bosque, disfrutando por un momento la sensación. Cada vez eran más pocos esos momentos. Había estado huyendo toda su vida, toda su existencia. Por una vez deseaba darse el placer de disfrutar de las pequeñas cosas. En el cuerpo de la lechuza, suspiró y supo que era el momento. Se hundió más en la naturaleza del ave, dejando que ésta guiara el vuelo. Escaneó nuevamente, buscando espacios en blanco que le mostraran la presencia del no-muerto. Cuando logró encontrar un pequeño rastro de maldad, una leve marca de corrupción, decidió aterrizar. Con un movimiento elegante y cuidadosamente planeado lo hizo. El hedor de inmediato llenó sus fosas nasales, la tierra gritó al sentir la abominable criatura moviéndose a través de ella. Con la mayor precaución que le fue posible reunir, se acercó a lugar enmascarando su presencia. Observando, acechando. El vampiro estaba recién convertido, ya que aún se podía observar que había sido un Cárpato atractivo. Aterrorizaba una pareja de jóvenes, tratando de aumentar el nivel de adrenalina en la sangre. Un blanco fácil.
Su forma brilló y cambió en gotas minúsculas de agua, formando una niebla no muy densa que suavemente viajó por encima del suelo hasta estar cerca del vampiro que no notó la oleada de poder. Craso error. Se materializó frente a él, sin darle tiempo a reaccionar. De un golpe introdujo su mano en el pecho, buscando el ennegrecido corazón. Con un movimiento rápido lo extrajo y lo arrojó lo más lejos que pudo, mientras el relámpago se arqueaba entre las nubes, tomando forma y cayendo sobre el abominable órgano y luego saltando al cuerpo del vampiro, incinerándolo de inmediato. Un hedor llenó el aire puro de la noche, mientras ella pasaba las manos por el resplandor para limpiarse la sangre ácida y corrosiva de las manos.
Otra noche como las demás.


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